En el Parque Nacional, un grupo de jubiladas es sorprendido por una manada de coatíes que se pasean en busca de comida fácil. Las señoras asaltadas por los curiosos animalejos saltan y chillan, mientras las que todavía se sienten ajenas al atraco ríen con histeria, temiendo ser sus próximas víctimas.
Tras la frustrada recaudación con sus compañeras, los coatíes se les acercan pedigüeños, apuntándolas con su hocico dirigible. Ante tal amenaza, una de ellas intenta ahuyentar a su atracador sacudiendo violentamente un pañuelo sobre el mismo, mientras otra decide inclinarse, mirarlo directamente a los ojos y regañarlo agitando con total rigidez su dedo índice: “¡Malo! ¡Eres muy malo! A ver si aprendes a portarte bien… ¡Eso no se hace!”. El coatí no comprende su papel de mascota, pero intuye la oquedad de la maraca que se agita sobre su cabeza y decide irse mientras la mujer continúa su discurso, ahora victoriosa: “Vamos, hombre… ¡Qué se habrá creído!”